Enfrentan las músicas tradicionales de México plagio y explotación

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México es una potencia cultural. Muestra de ello es su impresionante diversidad musical –donde se incluyen sones, corridos o huapangos– la cual, sin embargo, se ha visto soslayada, denigrada y discriminada frente a otro tipo de músicas.

Además, ha sido folclorizada, y su sentido y significado se ha caricaturizado, reduciéndola a simple espectáculo; además, en las políticas culturales, la música de las comunidades indígenas o afrodescendientes siempre queda al final, afirmó Georgina Flores Mercado, del Instituto de Investigaciones Sociales (IIS) de la UNAM.

Ante ese panorama, la investigadora emprendió el proyecto Músicas tradicionales como patrimonio cultural de México, que busca analizar, reflexionar y proponer iniciativas en torno a ellas, para su recreación y vinculación con la construcción de identidades culturales, especialmente, de pueblos indígenas y afrodescendientes. Asimismo, analizar los procesos de valoración y recreación dancístico-musicales a nivel comunitario, y los problemas socioculturales, que afectan dichas tradiciones.

La autora de “Un futuro posible para la pirekua. Políticas patrimoniales, música tradicional e identidad p’urhépecha” (editado por el IIS y la Escuela Nacional de Estudios Superiores Morelia, 2020), señaló que a una política cultural y leyes de patrimonio generales, donde no se establecen medidas específicas para la música, se suman problemas graves, como el plagio y la explotación de esas prácticas culturales por parte de agentes –instituciones y empresarios– que no consultan, ni toman en cuenta a los compositores, además de que tergiversan sus significados.

En el ámbito educativo también “estamos en pañales”. Los músicos p’urhépechas ni siquiera son aceptados en las escuelas primarias para llevar su arte a los niños. “Aterrizar las políticas culturales ha sido complicado; no hay voluntad política para hacerlo, porque realmente no sería difícil emprender ese tipo de acciones”, señaló Flores Mercado.

Los niños deben tener contacto directo con las personas que hacen la música, para que les expliquen el sentido que tiene en su comunidad y qué papel juega en el ritual de la fiesta patronal, de una boda o un bautizo, y no a manera de espectáculo, como lamentablemente ha sido. La música de mariachi se escucha en todo el mundo y se la ha asociado, incluso, con la industria tequilera, pero en las comunidades de Jalisco no se aporta nada para que los niños tengan instrumentos y reciban educación musical.

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